Hoy, domingo 15 de marzo, llegó a la isla de Annobón un barco procedente de Guinea Ecuatorial. A su llegada, una barrera militar fue instalada frente a la escalera del barco, donde los militares exigían a los annoboneses que desembarcaban la entrega de todos sus teléfonos y aparatos de grabación.
Posteriormente, según informaciones recibidas desde la isla, los propios militares afirmaron haber recibido órdenes de requisar teléfonos a todo ciudadano annobonés que portara un teléfono inteligente, tanto en las calles como especialmente en el muelle pesquero.
Este hecho no solo constituye una violación a la intimidad del pueblo annobonés, sino también una persecución directa contra la libertad de expresión y la libertad de circulación en nuestro propio territorio.
En Guinea Ecuatorial no está prohibido el uso de teléfonos ni de dispositivos de grabación de audio o video. Sin embargo, esta prohibición se aplica de manera arbitraria únicamente a la población de Annobón y a todos los annoboneses que llegan a la isla en el barco.
Se trata de una humillación, una agresión y un acto de dominación en nuestro propio territorio, que convierte a la isla en una prisión a cielo abierto, donde todos viven bajo vigilancia total y nadie está a salvo.
Las escasas fuentes informativas que aún logran comunicarse desde la isla señalan que la tensión continúa agravándose, mientras crece la preocupación entre la población. Nadie sabe cómo puede terminar esta situación de tensión entre los militares Fang del régimen de Guinea Ecuatorial y la población indefensa de Annobón.
Asimismo, el Sacristán Mayor fue obligado a vestir su indumentaria oficial para realizar oraciones contrarias a su voluntad y a su cometido religioso, después de haber permanecido encarcelado desde el 12 de marzo por realizar plegarias.
