La situación en Annobón vuelve a encender las alarmas. En las últimas horas, habitantes de Palé denunciaron a Ambô Legadu que militares invasores desplazados por el régimen de Guinea Ecuatorial patrullan las calles de la capital de la isla desde las 19:00 horas, en vehículos que circulan a alta velocidad y sin ningún tipo de resguardo hacia la población civil.
No se trata de una medida de seguridad, sino de una nueva forma de intimidación. Las recorridas militares nocturnas obligan a la población a encerrarse en sus casas y configuran, de hecho, un toque de queda no declarado, impuesto por la presencia militar que Malabo mantiene sobre Annobón.
La denuncia se suma a una serie de hechos ocurridos durante las últimas semanas: detenciones arbitrarias, torturas, persecución de prácticas culturales y religiosas, heridas sin atención médica, aislamiento comunicacional y una creciente presión sobre una población que desde hace años reclama respeto por sus derechos fundamentales.
Un estado de sitio no declarado
Según los testimonios recibidos por Ambô Legadu, los patrullajes comienzan alrededor de las 19:00 horas. Los vehículos militares de la fuerza de ocupación recorren repetidamente las calles de Palé a velocidades elevadas, pese a que muchas de ellas son estrechas, carecen de pavimento y se encuentran en condiciones precarias.
La circulación constante a alta velocidad no solo incrementa el riesgo de atropellos y otros accidentes para peatones, niños y personas mayores, sino que también levanta grandes cantidades de polvo que permanecen suspendidas en el aire y terminan entrando en las viviendas cercanas. Los residentes denuncian que esta situación deteriora aún más la calidad de vida de la población, dificulta las actividades cotidianas y puede agravar problemas respiratorios, especialmente entre niños, personas mayores y quienes ya padecen afecciones pulmonares.
Para muchos habitantes, estos patrullajes no responden a necesidades de seguridad pública. Por el contrario, consideran que constituyen una forma de intimidación destinada a vaciar las calles, alterar la tranquilidad de la comunidad e imponer, mediante el miedo, un toque de queda de facto sobre la población annobonesa.
Hambre para enriquecer a la ocupación
Pero la militarización no es el único problema. Los testimonios recibidos por Ambô Legadu describen una dinámica que agrava la inseguridad alimentaria de la isla.
Según los habitantes, en cada barco que llega desde el continente también viajan comerciantes fang que compran prácticamente todo el pescado disponible en Annobón —fresco, salado y ahumado— para trasladarlo posteriormente a Malabo y Bata, donde es revendido.
Además, estos comerciantes aprovechan para adquirir gran parte de la mercancía que consigue llegar a la isla a través de la empresa Martínez Hermanos, especialmente productos básicos como aceite, arroz, tomate y otros alimentos de primera necesidad. Como Martínez Hermanos vende esos productos al mismo precio que en Malabo, los compradores obtienen un beneficio adicional al no asumir el costo del transporte marítimo ni del pasaje, lo que les permite revenderlos con un importante margen de ganancia.
El resultado, denuncian los habitantes, es que la poca mercancía que logra llegar a Annobón desaparece rápidamente de los comercios locales, mientras la población encuentra cada vez mayores dificultades para acceder a alimentos básicos.

La comida como mecanismo de control
La denuncia apunta a una dinámica que excede el comercio irregular. Para la población annobonesa, el acaparamiento de alimentos y su traslado fuera de la isla constituye una forma de castigo colectivo.
En una comunidad aislada, sin infraestructura suficiente y con alta dependencia de los barcos que llegan desde el continente, controlar la comida significa controlar la vida cotidiana. Por eso, el vaciamiento de productos básicos no solo golpea la economía familiar, sino que profundiza la subordinación de la población local frente al aparato político, militar y comercial vinculado al régimen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.
La paradoja es brutal: a cuentagotas los barcos llegan a Annobón, pero los annoboneses siguen sin abastecimiento garantizado. Los productos aparecen, son comprados en masa por sectores ligados a la ocupación y luego salen de la isla para alimentar otros mercados.
Así, mientras los militares coloniales de ocupación patrullan las calles y la población se encierra por miedo, los alimentos básicos se convierten en una mercancía de especulación para quienes se benefician del aislamiento annobonés.
Torturas, heridas y abandono
Las nuevas denuncias se producen en un contexto especialmente grave. Durante las últimas semanas, Ambô Legadu documentó testimonios sobre detenciones, golpes y torturas contra jóvenes y adolescentes que participaban en prácticas culturales y religiosas tradicionales.
Entre los hechos denunciados figuran personas atadas de pies y manos durante varios días, golpes reiterados, amenazas, persecución de expresiones religiosas y culturales, y casos de víctimas con heridas abiertas o infectadas que no recibieron atención médica adecuada.
También se denunció la detención brutal de Tecla Morgades Segura, alias “City”, una de las mujeres que había testimoniado públicamente sobre las torturas sufridas entre el 1 y el 4 de junio de 2026.
A ese cuadro se suma la falta de medicamentos básicos, antibióticos, analgésicos y materiales de curación, en una isla donde las víctimas de la represión continúan abandonadas mientras sus agresores permanecen libres.
Annobón bajo sitio
Para el pueblo annobonés, la combinación de patrullajes militares, miedo nocturno, hambre, aislamiento, falta de medicamentos y persecución cultural configura una política integral de sometimiento.
No se trata de hechos aislados. Primero se corta o limita la comunicación con el exterior. Luego se ejecutan operativos represivos. Posteriormente, las víctimas quedan sin atención médica, sin protección y sin garantías. Ahora, además, se denuncia la imposición de un toque de queda de facto y el saqueo de alimentos básicos.
Annobón no vive una situación normal. Vive bajo presión militar, bajo vigilancia y bajo hambre inducida.

Llamado urgente
Ambô Legadu reitera el llamado urgente a la comunidad internacional, a la Organización de las Naciones Unidas, a los organismos de derechos humanos, a las iglesias, a las organizaciones humanitarias y a los gobiernos democráticos para que presten atención inmediata a lo que ocurre en Annobón.
La población necesita protección frente a la salvaje militarización, garantías de circulación, acceso a alimentos, medicamentos, atención médica, restitución plena de las comunicaciones y mecanismos independientes que permitan documentar los abusos denunciados.
Annobón no puede seguir siendo tratada como una isla invisible. Lo que ocurre en Palé no es seguridad: es miedo administrado. Lo que ocurre con los alimentos no es comercio: es saqueo. Y lo que sufre la población annobonesa no es abandono casual: es una política de castigo contra un pueblo que defiende su identidad, su cultura y su derecho a existir.




