En plena embestida contra el Primer Ministro de la República de Annobón, Orlando Cartagena Lagar, ante la Justicia España, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo firmó el Decreto 23/2026 y nombró a Eduardo Minang Enzema Abeme como nuevo gobernador del régimen de ocupación en Annobón.
El régimen cesó a Manuel Esono Nsuga por “irregularidades” y, en una maniobra que ha generado fuertes críticas, lo sustituyó por un funcionario cuyo nombre estuvo vinculado a una causa militar por presuntos delitos de cohecho y apropiación indebida, con un fallo que nunca fue publicado. La señal política es inequívoca: no se trata de depurar responsabilidades, sino de asegurar fidelidades.
El medio independiente Diario Rombe fue todavía más contundente al calificar la designación como la entrega de la isla a un “criminal convicto” y describir el movimiento como el despliegue de un “perro de presa” para aplastar el anhelo de libertad annobonés. Más allá del tono, la crítica pone el foco en una lógica que se repite: frente al conflicto político, el régimen responde con endurecimiento.
La decisión llega días después del acto de conciliación sin acuerdo impulsado por Obiang contra Cartagena en Valencia. La coincidencia entre presión judicial externa y refuerzo del control interno alimenta la percepción de una estrategia coordinada: intimidar fuera y disciplinar dentro.
A tres años de la proclamación de la Independencia de Annobón, la lógica del poder central no parece orientada al diálogo. Quita a un gobernador por irregularidades y coloca a otro aún peor. Más que cerrar la grieta, la profundiza.




