La Hazaña del Kindjadja: ocho hombres, un cayuco y el grito de auxilio que Obiang castigó con sangre

La Hazaña del Kindjadja presente en el IV Aniversario de la República de Annobón.

El 16 de julio de 1976, ocho annoboneses abandonaron la isla para denunciar ante el mundo el hambre, las epidemias y el abandono. Llegaron a Gabón después de ocho días de navegación. La respuesta del régimen fue una expedición punitiva que violó a las niñas, asesinó a quienes intentaron defenderlas, saqueó las viviendas y deportó a los hombres a las plantaciones de cacao.

El 16 de julio de 1976, ocho hombres subieron al Kindjadja, el cayuco más grande de Annobón, levantaron sus remos y abandonaron la isla. No huían de su pueblo. Partían para salvarlo.

Dejaron atrás a sus esposas, sus hijos, sus padres y una población devastada por las epidemias, el hambre y el abandono absoluto del Estado ecuatoguineano. Durante siete u ocho días navegaron por el océano hasta alcanzar las costas de Gabón, donde denunciaron la tragedia que se vivía en Annobón y reclamaron ayuda humanitaria.

Cincuenta años después, la hazaña del Kindjadja permanece como uno de los actos más extraordinarios de resistencia de la historia annobonesa. También representa el origen de una de las represalias más brutales ejecutadas contra la isla.

“Unos hombres tuvieron que coger un remo, darle la espalda a la isla y remar hacia no se sabía dónde, en busca de ayuda humanitaria, de apoyo y de una vida mejor”, recordó Orlando Cartagena Lagar, Primer Ministro de la República de Annobón, quien reconstruyó los hechos que vivió durante su infancia.

Annobón
Annobón

Una isla devastada por las epidemias

La expedición del Kindjadja fue la respuesta desesperada de un pueblo abandonado.

En 1974, una epidemia de sarampión, poliomielitis y otras enfermedades arrasó con la población de Annobón. La falta de médicos, medicamentos, vacunas, alimentos y conexiones regulares con el exterior convirtió las enfermedades en una catástrofe.
El aislamiento no era una fatalidad geográfica. Era una política de Estado.

Annobón había quedado incorporada a Guinea Ecuatorial durante el proceso de descolonización español, pese a encontrarse separada geográfica, histórica, lingüística y culturalmente de Fernando Poo —actual Bioko— y del territorio continental de Río Muni.

La formación de Guinea Ecuatorial reunió bajo un único gobierno territorios diferentes, sin consultar libremente a sus poblaciones y colocando el poder político, militar y administrativo en manos de una estructura étnica dominante.

El origen colonial de aquella imposición era todavía más antiguo. Portugal entregó Annobón a España en el Tratado de El Pardo de 1778, como parte de un acuerdo destinado a resolver disputas territoriales entre las dos potencias en América del Sur. La isla fue utilizada como moneda de cambio entre imperios y quedó vinculada administrativamente al Virreinato del Río de la Plata.

Casi dos siglos después, España volvió a decidir el destino de Annobón sin escuchar a los annoboneses. En 1968 entregó la isla al nuevo Estado de Guinea Ecuatorial, gobernado por Francisco Macías Nguema.

Apenas ocho años después de aquella independencia, los habitantes de Annobón ya necesitaban arriesgar la vida en el océano para pedir auxilio.

Francisco Macías.
Francisco Macías.

La partida del Kindjadja

El Kindjadja pertenecía al señor Tamai y era conocido en toda la isla. Cuando no se encontraba en la playa de Palé, estaba en Mabana, el pueblo de su propietario. No frecuentaba otras playas.

La tarde del 16 de julio, el cayuco desapareció.

Al día siguiente, la población comenzó a preguntarse dónde estaba. No se encontraba en Palé ni en Mabana. Había partido con ocho hombres a bordo.

Los expedicionarios navegaron sin medios modernos de comunicación ni instrumentos de seguridad. Mientras remaban, arrojaban al mar botellas con mensajes. Habían dejado una isla enferma, aislada y sin recursos para buscar ayuda en tierra africana.

Después de siete u ocho jornadas alcanzaron Gabón. Allí denunciaron el abandono de Annobón, la represión ejercida por el régimen de Macías y la persecución sufrida por los annoboneses tanto en la isla como en Bioko y Río Muni.

La denuncia quebró el cerco de silencio que el régimen había impuesto sobre Annobón.

La dictadura decidió vengarse.

La orden de castigar a Annobón

En diciembre de 1976, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, entonces jefe militar del régimen de Francisco Macías, ordenó dar una lección a la población annobonesa.

La expedición punitiva estuvo dirigida por Feliciano Bato Obama. Lo acompañaron milicianos de la Juventud en Marcha con Macías y mujeres de la Sección Femenina del régimen.

Cartagena Lagar tenía diez años cuando los represores desembarcaron en la isla. “No me lo han contado. Os lo cuento como una persona que lo vivió en primera persona”, afirmó.

Los enviados del régimen reunieron a la población en la plaza mayor. Exhibieron lanzallamas, granadas y ametralladoras. Dispararon al aire y advirtieron que harían correr “un río de sangre” ante cualquier resistencia.

No llegaron a prestar ayuda ni a investigar las causas de la expedición del Kindjadja. Llegaron a castigar a toda la comunidad por haber denunciado su abandono.

Recreación de la IA sobre la respuesta de Macías ante el pedido de auxilio de Annobón.
Recreación de la IA sobre la respuesta de Macías ante el pedido de auxilio de Annobón.

Las violaciones masivas de las niñas

Los represores obligaron a las niñas y adolescentes de Annobón a presentarse en el ayuntamiento. Allí ejecutaron un plan de violencia sexual colectiva.

Secuestraron y violaron a niñas de doce, trece, catorce, quince, dieciséis y diecisiete años. Mujeres uniformadas sujetaron a las menores mientras los hombres las violaban.

“No sucedió una, dos o tres veces. Violaron a todas las niñas del colegio de Annobón”, relató Cartagena Lagar.

Las menores que lograron esconderse fueron buscadas al día siguiente. Los agresores recorrieron las viviendas puerta por puerta hasta encontrarlas y también las violaron.

La violencia sexual fue utilizada como un instrumento de dominación étnica, humillación colectiva y destrucción de la comunidad. Los represores buscaban quebrar la identidad annobonesa mediante el cuerpo de sus niñas.

Los padres que se opusieron a entregar a sus hijas fueron asesinados. Tres hombres murieron por intentar defenderlas.

Muchas menores quedaron gravemente heridas. Otras contrajeron enfermedades o quedaron embarazadas como consecuencia de las violaciones.

“El silencio no dura para siempre. La barbaridad perdura”, sentenció el Primer Ministro annobonés.

La masacre como respuesta a la Hazaña del Kindkadja (Imagen generada con IA). La masacre como respuesta a la Hazaña del Kindkadja (Imagen generada con IA).
La masacre como respuesta a la Hazaña del Kindkadja (Imagen generada con IA). La masacre como respuesta a la Hazaña del Kindkadja (Imagen generada con IA).

El saqueo de toda la isla

Después de las violaciones comenzó el saqueo. Las familias annobonesas acostumbraban almacenar petróleo, jabón, anzuelos, nailon, ropa, toallas y alimentos porque la isla carecía de comercios y recibía barcos de manera irregular.

Los milicianos se llevaron todo.

Robaron bidones de combustible, cajas de jabón, herramientas, ropa, baúles, gallinas, pollos, cerdos y patos. Entraron en las viviendas y vaciaron las reservas que las familias habían reunido durante años. Se llevaron hasta la ropa interior guardada en las maletas de las niñas.

La isla acababa de atravesar epidemias, hambre y falta de alimentos. Gran parte de la población no tenía fuerzas para trabajar los campos. La expedición enviada por el régimen terminó de destruir aquello que las enfermedades no habían destruido.
Annobón quedó despojada de sus reservas, de sus animales y de sus medios elementales de subsistencia.
La deportación de los hombres

La represión no terminó con las violaciones, los asesinatos y el saqueo.

Los enviados del régimen secuestraron a los hombres annoboneses de entre quince y setenta y cinco años. Dejaron en la isla principalmente a mujeres, niños y una población físicamente devastada.

Annobón quedó sin hombres capaces de remar, pescar y sostener la vida cotidiana.

Los detenidos fueron deportados a las plantaciones de cacao de Fernando Poo, donde fueron sometidos a trabajos forzados.
La deportación respondió a una necesidad económica del régimen. Durante los primeros años de la dictadura de Macías, decenas de miles de trabajadores nigerianos abandonaron Guinea Ecuatorial tras sufrir persecuciones y malos tratos. La producción de cacao de Bioko quedó sin la mano de obra que durante décadas había sostenido las plantaciones.

Macías reemplazó a esos trabajadores mediante el reclutamiento forzoso de habitantes de Río Muni y Annobón. Los deportados trabajaban sin salario suficiente, recibían poca comida y carecían de atención médica. Distintos estudios sobre el trabajo en Guinea Ecuatorial documentaron que la población fue trasladada por la fuerza a las plantaciones para evitar el derrumbe de la producción cacaotera.

Los annoboneses eran pescadores. No eran trabajadores profesionales de las grandes explotaciones de cacao.
Fueron enviados a morir.

Trabajaban jornadas extenuantes, padecían hambre y eran golpeados constantemente. Cuando intentaban pescar para alimentarse, los militares les quitaban los anzuelos, rompían sus cayucos y se apropiaban del pescado.

Muchos murieron en las plantaciones. Otros fueron asesinados en las playas. Solo una parte consiguió regresar alguna vez a Annobón.

Macías gobernó durante once años sin incorporar a un solo annobonés a su gobierno. Lo que la isla recibió de aquel Estado fue persecución, trabajos forzados y muerte.

El dictador Obiang en 1979. Foto: EFE.
El dictador Obiang en 1979. Foto: EFE.

Obiang: de ejecutor militar a dictador

Teodoro Obiang derrocó y ejecutó a su tío Francisco Macías en 1979. No desmanteló la maquinaria represiva. Se apoderó de ella. El hombre que ocupaba responsabilidades militares durante la expedición punitiva de 1976 se convirtió en presidente y construyó la dictadura más prolongada de África.

Durante su gobierno, Annobón continuó sometida al aislamiento, la pobreza, la falta de agua potable, la ausencia de servicios sanitarios adecuados y la carencia de oportunidades educativas.

Las denuncias sobre el uso de la isla como depósito de residuos tóxicos comenzaron a adquirir repercusión internacional durante la década de 1980. Posteriormente se sumaron la explotación minera, las detonaciones con dinamita y la destrucción de tierras, viviendas y fuentes de agua.

En julio de 2024, habitantes de Annobón protestaron contra las explosiones ejecutadas por una empresa constructora. El régimen respondió con detenciones masivas y un corte de internet que paralizó las comunicaciones y la atención de emergencias sanitarias.

La historia volvió a repetirse: cuando Annobón denunció su destrucción, el Estado respondió con aislamiento y represión.
El mismo remo, cincuenta años después

La República de Annobón solicitó una autonomía que permitiera a la población gestionar sus recursos, sus servicios públicos y sus asuntos internos. El régimen rechazó el reclamo.

En lugar de transferir competencias, militarizó la isla. Cientos de efectivos fueron desplegados para vigilar a una población de alrededor de 5 mil habitantes, perseguir a sus referentes comunitarios e impedir cualquier organización autónoma.

Cincuenta años después de la partida del Kindjadja, Annobón continúa reclamando aquello que buscaban los ocho expedicionarios: ayuda, libertad y el derecho a decidir su propio destino.

La partida del Kindjadja, recreada con IA.
La partida del Kindjadja, recreada con IA.

“Hoy hemos vuelto a levantar el remo para pedir socorro”, afirmó Cartagena Lagar.

La imagen atraviesa medio siglo de historia. En 1976, ocho hombres levantaron el remo frente al abandono de Macías. En 2026, el pueblo annobonés vuelve a levantarlo frente a la dictadura de Obiang.

La Hazaña del Kindjadja no fue una aventura marítima. Fue una misión de supervivencia. Sus tripulantes atravesaron el océano para denunciar que Annobón estaba siendo destruida.

El régimen respondió violando a sus niñas, asesinando a sus padres, saqueando sus casas y deportando a sus hombres.

Pero no consiguió borrar la memoria.

El Kindjadja sigue navegando en cada annobonés que denuncia, resiste y lucha por la libertad de la isla.

“Podemos respetarnos, podemos visitarnos. Pero no vengas a mi casa a violar a mi hija, a violar a mi mujer, a matar a mi padre, a matar a mi hermano mayor y a convertirme en tu esclavo”, expresó Cartagena Lagar.

La configuración colonial que dio origen a Guinea Ecuatorial fracasó. El Estado construido sobre la imposición, la persecución étnica y el sometimiento de sus pueblos se convirtió en una maquinaria de terror.

La memoria del Kindjadja obliga a mirar esa realidad de frente.

Porque cuando el plan de exterminio se encuentra a la vista, mirar hacia otro lado es convertirse en cómplice.

Annobón libre.

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