La muerte de un ciudadano annobonés en la cárcel de Black Beach vuelve a exponer una de las caras más brutales de Guinea Ecuatorial: la situación de abandono, castigo y deshumanización que sufren los annoboneses no solo en la isla, sino también dentro de las prisiones de las fuerzas coloniales de ocupación.
Según denuncias difundidas por el partido opositor Ciudadanos y testimonios recogidos por fuentes annobonesas, Djoel Yayé, conocido como Enoc, llevaba más de dos años encarcelado por un caso vinculado a violencia intrafamiliar. La polémica del caso, que en cualquier país civilizado debió haber sido investigado por la Justicia, hoy gira en torno a las condiciones bajo las cuales permaneció detenido: fue enviado directamente a prisión, sin juicio previo ni garantías, sin asistencia sanitaria adecuada, sin alimentación suficiente y sometido a un trato degradante hasta su muerte.
Las fuentes sostienen que el desenlace fue consecuencia del hambre, heridas sin tratar, humillaciones constantes, amenazas y abusos por parte de soldados y responsables penitenciarios. También denunciaron que los alimentos y medicamentos que sus familiares intentaban hacerle llegar nunca llegaban a destino.
Black Beach, símbolo del castigo contra Annobón
La muerte de otro ciudadano de Annobón no aparece como un hecho aislado. Se inscribe en una larga cadena de denuncias contra el sistema represivo de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo y, en particular, contra el trato que reciben los annoboneses en las mazmorras del régimen.
Black Beach es señalada como una de las cárceles más temidas del continente africano. En 2024, fueron trasladados allí casi cuarenta annoboneses detenidos tras las protestas pacíficas contra las detonaciones de dinamita en la isla, en un proceso plagado de irregularidades, sin acusaciones claras, con denuncias de interferencia política, negación sistemática de representación legal, incomunicación familiar y condiciones infrahumanas de detención.
Dentro de la prisión, según las denuncias, se reprodujo el mismo patrón de castigo: hambre, abandono, abusos carcelarios y falta absoluta de garantías. Ese caso derivó luego en denuncias internacionales por detenciones arbitrarias, torturas, incomunicación, discriminación étnica y violaciones al debido proceso, posteriormente confirmadas por la Organización de las Naciones Unidas.
El mismo patrón: aislamiento, castigo y abandono
La muerte de Djoel Yayé recuerda inevitablemente al Caso de las Dinamitas: primero aparece la denuncia del pueblo annobonés; luego llega la reacción del régimen; después vienen las detenciones, el silencio, la incomunicación y el castigo.
Ese mismo patrón se repite en la isla. En las últimas semanas, Ambô Legadu denunció nuevos operativos contra menores de edad y miembros de la comunidad annobonesa, con testimonios de torturas, persecución cultural y religiosa, heridas sin atención médica, pérdida de embarazos, incomunicación y un toque de queda de facto impuesto por militares en Palé.
La lógica es la misma dentro y fuera de Annobón: controlar por miedo, castigar por hambre, aislar para ocultar y abandonar para quebrar.
El fallecimiento de Enoc no puede ser reducido a una tragedia individual. Es una advertencia sobre el destino de quienes caen en manos de un sistema represivo utilizado como herramienta de sometimiento contra un pueblo históricamente discriminado que, contra viento y marea, sigue reclamando dignidad, justicia y derecho a existir.




