El primer ensayo de pesca para la fábrica de atún, obra que terminó en un escandaloso fraude de 18,7 millones de euros, estaba previsto entregar toda la captura a los ancianos de la isla de Annobón como muestra de respeto, y para que sirviera de bendición a las sucesivas pescas durante los años de funcionamiento de dicha fábrica.
Una vez que la lanchita de madera atracó en el puerto de Annobón, con lo que se aprecia en estos recipientes como pequeñísimo fruto del primer ensayo de pesca de atún para la monumental “Fábrica de Atún”, los militares invasores no se hicieron esperar y se apoderaron de la captura, como de costumbre.
Esta forma de actuar por parte de los representantes del régimen de Guinea Ecuatorial constituye una de las maneras en que se abusa de los annoboneses. Según los propios militares invasores, estas órdenes les fueron dadas por Teodorín Nguema Obiang, Constancia Mangué Okomo y Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.
La confiscación de la primera pesca, lejos de ser un incidente aislado, se inscribe en un patrón de control y despojo que utiliza cualquier recurso, incluso aquellos presentados como beneficiosos, para reafirmar el poder de la élite gobernante y de sus militares.
La esperanza de un futuro mejor se ha visto, una vez más, eclipsada por la cruda realidad de la opresión. El primer ensayo de pesca de la fábrica de atún, un elefante blanco que vistió las costas de Annobón durante muchos años, culminó en un acto que resume la dolorosa cotidianidad de los habitantes de Annobón.
La captura, destinada por tradición y respeto a los ancianos de la isla como bendición para las futuras pescas, fue confiscada por militares. Este hecho no solo privó a la comunidad de un recurso vital, sino que también vulneró un gesto de profundo significado cultural y espiritual, transformando la promesa de prosperidad en un amargo recordatorio de su vulnerabilidad.




